Carta de Fin de Año

 

Ahora que se acerca el final de año tendemos a pensar: “ojala el año que viene sea mejor” y a organizar rituales de Fin de Año para tener más suerte el año próximo.

Esta es una forma de centrar nuestra atención en el exterior, siempre buscando fuera, cuando la felicidad está siempre en nuestro interior.

Este año quiero dejarte un ejercicio de Fin de Año que espero te sea de mucha utilidad para conseguir tus sueños, o al menos para acercarte más a ellos.

  1. Coge un papel bonito para escribir y un bolígrafo o pluma que represente algo especial para ti, es importante escribirlo a mano.
  2. Cuida tu entorno: escoge un lugar que sea cómodo para escribir. Puedes encender una vela si te gusta o ponerte incienso y una música que te guste si eso te hace sentir mejor.
  3. Siéntate y relájate, toma aire…
  4. Ahora imagina como querrías que fuese tu vida justo dentro de un año, a finales de 2018, “como si” fuese Navidad o Fin de Año, cuando te sientes otra vez a escribir esto mismo.
  5. Imagina todo lo que te gustaría sentir, como sería tu vida: familia, pareja, trabajo, vivienda… Lo más importante es que sientas que tu vida es cómo quieres que sea. Con todo lujo de detalles… ¿Quién está a tu lado? Pareja, familia, amigos, mascotas… ¿Qué sientes cuando tu pareja te besa? ¿Cuándo tus hijos te abrazan? ¿Cuándo acaricias a tu mascota? ¿Qué sientes cuando te dan ese ascenso? ¿Cómo es la sensación cuando cambias de trabajo? ¿Y esa nueva casa, que sientes al entrar en ella? Nota eso en lo más profundo de ti…
  6. Empieza a escribir: cuando ya has conectado con todos esos sentimientos y sensaciones como si las estuvieses viviendo en este instante, es el momento de escribir, tienes delante todo un papel en blanco para escribir lo que tú quieras. Primero pon la fecha de tu carta (31 de diciembre de 2018 por ejemplo). Puedes empezar dando las gracias a quien tú creas. Este podría ser un ejemplo que adaptes a tus creencias o a tu forma de ver el mundo:“Querido Universo, Amado Dios, etc.…” te doy las gracias porque durante este año 2018 mi vida ha cambiado y he conseguido mis objetivos/sueños/ilusiones… Escribe con todo lujo de detalles como es tu vida en este momento (a finales de 2018) meteorología, sensaciones, lo que ves, qué es lo que sientes, ¡TODO!… no omitas detalles por más sencillos que te parezcan.
  7. Ahora que tienes escrita tu carta, reléela y conecta con esas sensaciones que sientes al leerla y confía.
  8. Durante siete días lee tu carta, conectando con todo aquello que has escrito, lo más importante es volver a conectar con las emociones y sentimientos que te inspira.
  9. Cuando pasen los siete días, guarda tu carta y olvídala hasta final del año que viene.

Si haces esto puede que te sorprendas el año que viene cuando leas tu carta y puede que quieras seguir escribiendo todos los años.

 

¡Feliz Año 2018!

 

 

El Merecimiento y la Autoestima

El merecimiento y la autoestima tienen una relación muy estrecha el uno con la otra. Hasta podría decir que son consecuencia uno de la otra y viceversa.

La autoestima engloba muchos aspectos de nuestro ser, desde el aspecto físico, que es el aspecto en el que generalmente suelen pensar las personas cuando se habla de autoestima, hasta la realidad que nos rodea en nuestra vida en este instante, pasando por lo que nosotros pensamos sobre nosotros mismos y nuestro entorno.

Lo que creemos sobre nosotros mismos, sobre los comportamientos que tenemos nosotros y las personas que nos rodean, lo que debemos y no debemos hacer, como vivir, como movernos en nuestra realidad, como actuar y una enorme cantidad de pensamientos y juicios más, que conforman nuestro dialogo interno (aquello que pensamos), son el resultado de nuestra autoestima y a la vez la reflejan.

Ese cúmulo de pensamientos, juicios, críticas, emociones y sentimientos sobre absolutamente TODO, están conformados por nuestras creencias.

¿Qué es el merecimiento?

A través de mi experiencia personal y del trabajo mis clientes y mis compañeros, me he planteado numerosas hipótesis, la que más me gusta es que Merecimiento más que un conjunto de creencias es algo que las enmarca o que las agrupa a todas, quizás podríamos llamarlo una “MACRO-CREENCIA”.

Son esas macro-creencias la que no nos dejan evolucionar, seguir adelante con paso firme en nuestra vida o conseguir aquellos objetivos que nos plantemos, sean los que sean, tanto cambiar de trabajo, como dejar de fumar o tener suficientes recursos económicos.

En muchas ocasiones me he encontrado trabajando con una creencia determinada que se resistía, después de tratarla una y otra vez era tanta la resistencia, que empecé a pensar y preguntar ¿me lo merezco? No importa el ámbito en el que nos estemos moviendo, por poner un ejemplo, el ámbito económico ¿me merezco tener suficiente dinero? El resultado era sorprendente, acababa encontrando la raíz de que la creencia se resistiese a ser tratada, y era que ¡¡no me merecía tener dinero!! Y hala ¡¡con el merecimiento hemos topado!! A dejarlo todo y trabajar con la macro-creencia, que se generó en algún momento de la vida y que no permite alcanzar el objetivo de tener un trabajo mejor, que venga dinero, amor, etc.

Así que puedes examinar tu vida, lo que piensas, tus propias creencias sobre TODO. Empieza a revisarlas y darte cuenta si son ellas las que impiden que llegues a donde quieres llegar, lo más probable es que te encuentres con el Merecimiento, entonces simplemente pregúntate: ¿me merezco X?

Dado que el “merecer algo” es una macro-creencia, la buena noticia es que se puede trabajar con ello. Son muchas las metodologías y técnicas para detectar y cambiar creencias, escoger una u otra dependerá de nuestras propias preferencias.

Aquí te dejo un vídeo que puede servirte de ayuda. Es necesario que lo escuches con auriculares. Notarás que el sonido pasa de un oído a otro, eso te ayudará a que los dos hemisferios cerebrales se comuniquen.

Vive la Vida

vida-feliz

 

Estamos a las puertas de un nuevo año. Este es un momento en que muchos de nosotros aprovechamos para hacer balance de lo que hemos vivido durante estos trescientos sesenta y cinco días que ya han pasado.

Puede que haya habido momentos muy felices, en los que has estado alegre y has reído a carcajadas. Quizás ha habido momentos muy duros, y es posible que hayas llorado hasta que se secaron tus ojos.

Todos esos momentos pertenecen a tu vida, esos sentimientos que te zarandean te hacen darte cuenta de que no pasas de puntillas, sin que se te note. Sino que vives, intentas mejorar día a día, sean las vivencias que sean las que te traiga esa misma vida, que a la vez es una sabia maestra.
También, que intentas compartir, acompañar, ayudar, entender, aprender y un sinfín de cosas más, al lado de esas personas con las que caminas por esta senda llamado VIDA.

Así que ¡Sueña!, ¡Salta de felicidad!, ¡Besa!, ¡Ríe!, ¡Di aquello que quieres decir! ¡Respétate y respeta! ¡Amate y ama!

Sobre todo ¡no te dejes paralizar por el miedo! Solo es un truco de la mente. Puedes hacer meditación cada día, te ayudará a tener pensamientos positivos y concentrarte en lo que deseas. Si no sabes meditar, puedes seguir estas meditaciones guiadas.

Y si llegan momentos duros no te quedes con esas sensaciones, emociones o sentimientos ¡Camina! ¡Escribe todo lo que sientes! ¡Hablalo con tus amigos!¡Llora! si lo necesitas y sobre todo ¡Aprende!

El corazón está para utilizarlo ¡Atrévete!

Cierra los ojos y recuerda esa persona que te hace vibrar solo con su sonrisa, ese paisaje que te llena de calma, esa sabrosa comida que te transporta quizás a otra época, esa música, esos instantes que compartiste con quien más quieres. Quédate con los momentos felices que has pasado este año, son los que verdaderamente llenarán tu corazón.

A continuación te dejo este poema de Charles Chaplin, con mis mejores deseos para este año que empieza. ¡Vive la Vida!

Vida

Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas,
más también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.

Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…

…tuve miedo de perder a alguien especial
(y termine perdiéndolo).
¡¡Pero sobreviví!!

¡Y todavía vivo!
No paso por la vida.

Y tú tampoco deberías sólo pasar…
¡¡¡VIVE!!!

Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía,
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante.

Charles Chaplin

 

 

Síndrome Postvacacional: qué es y cómo superarlo

Sindrome postvacacional

 

Atrás han quedado los días de levantarte a la hora que te daba la gana, sin despertador, acostarte de madrugada, salir con los amigos, tumbarte al sol sin más preocupación que la de ponerte el bronceador o estar todo el día en plena montaña, rodeado solo del verde de la vegetación y el azul del cielo.

Quizás se acabo el plazo que te diste para afrontar aquellas tareas o situaciones difíciles en tu vida, como si dijeses: ya lo pensaré después de las vacaciones, ¡ahora disfruta!

Y al acabar ese período, ahora que ya estamos en septiembre, hay que volver a la rutina, a poner el despertador, a las interminables reuniones, al montón de papeles que te esperan encima de la mesa, en fin, al trabajo, ¡durante todo un año!.

Sientes cansancio, mal humor, no tienes ganas de hacer nada, puede que estés irritable, quizás te cuesta dormir, no te concentras, tal vez sientas ansiedad, tu optimismo se ha ido a algún lugar del que parece no querer regresar…

Si es tu caso tengo para ti dos noticias, una mala y una buena:

La mala noticia es que padeces lo que se denomina “Síndrome Postvacacional”. Pero tranquilízate, no eres la única persona que lo sufre, es un estado de ánimo muy frecuente al acabar una etapa de nuestra vida en la que hemos disfrutado, y pasar a otra con la expectativa de pasarlo mal.

La buena noticia es que es un estado emocional transitorio, que remite tras un periodo de adaptación a las nuevas rutinas, y eso suele pasar en unos quince días.

¿Porqué pasa esto?

El verano es una estación del año que invita a hacer aquello que nos gusta, a disfrutar. Sobre todo en vacaciones. Quizás debido a las creencias y patrones de conducta que seguimos en Occidente y que aprendimos desde niños. En cambio el invierno más bien invita al recogimiento.

En época de vacaciones decimos que “desconectamos”, y es cierto, desconectamos de la tecnología, del teléfono, del trabajo, de las obligaciones, de la rutina, de las personas que nos desagradan.

¿Y qué pasa cuando desconectamos de todo eso? Pues que conectamos con nosotros mismos, con nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestra forma de disfrutar del tiempo libre, de las personas que amamos. En resumen que nos permitimos a nosotros mismos hacer lo que verdaderamente queremos. Como resultado también sonreímos más. Yo diría que más que una conexión es una reconexión.

Y un buen día cuando ya estamos adaptados a esta reconexión, cuando ya nos sentimos otra vez a nosotros mismos, se acaban las vacaciones ¡y otra vez a la rutina anual!

Es como si gritásemos desesperadamente ¡No quiero! como cuando éramos niños y llorábamos porque teníamos que volver al colegio. Pero de adultos ya no podemos llorar.

¿Y cómo puedes superarlo?

Te voy a dejar algunos consejos para poder superar este altibajo:

  • Vuelve de las vacaciones con suficiente tiempo para deshacer las maletas, ir a comprar, planchar la ropa, si lo necesitas, y realizar aquellas tareas que precises para volver al trabajo con tranquilidad y con todo en orden. Si, ya sé que quieres aprovechar hasta el último minuto, sin embargo eso puede generarte estrés, ya que no tendrás tiempo para organizarte.
  • Respeta las horas de descanso. Cuando estamos de vacaciones, al no tener horarios, nos vamos a dormir a la hora que nos apetece. Sin embargo de vuelta a la rutina el despertador sonará y no tendrás otro remedio que levantarte. Lo ideal es descansar siete u ocho horas diarias, estaría bien que respetases esas horas.
  • Prioriza. Probablemente te encontraras un montón de tareas por realizar. Analízalas y prioriza, eso te ayudará a organizarte.
  • Fíjate en lo positivo. Durante el día nos pasan muchas cosas buenas, fíjate en ellas y si quieres puedes hacer una lista.
  • Disminuye el consumo de cafeína y alcohol. La cafeína es excitante y agrava el estrés. Y el alcohol es un depresor del sistema nervioso, por lo que puede agudizar la tristeza, la depresión y la apatía. Te aconsejo que disminuyas o evites en lo posible el consumo, al menos durante los primeros días.
  • Dedícate tiempo a ti. Organiza tu agenda de forma que puedas realizar actividades que te gusten, quedar con amigos, hacer deporte…

También te dejo algunos consejos que van un poco más allá. Este estado emocional quizás está intentando avisarte de algunos cambios más profundos que debes realizar en tu vida:

  • Para los pensamientos recurrentes. Esos pensamientos casi siempre suelen ser negativos y provocan aparezca o se incremente la ansiedad. Fíjate en el momento que aparecen y distrae tu mente repitiendo una frase que te guste y te fortalezca, por ejemplo: Cada día estoy mejor, o bien: realizo mi trabajo con seguridad y rapidez.
  • Aprende a decir “NO” y a poner límites. Muchas veces hacemos cosas que no queremos hacer, o nos cargamos con responsabilidades que no son nuestras, por miedo a que si decimos NO, se enfaden con nosotros o que no nos quieran, o que….. Sin embargo cada día que pasa nos sentimos más incómodos, como si llevásemos un peso sobre nuestros hombros. Así que puedes empezar a decir NO con pequeñas cosas, verás cómo reaccionan los demás ante esa negación. Y poco a poco te irás atreviendo más, ya verás lo bien que sienta.
  • Piensa en lo que has hecho en vacaciones. Piensa en aquellas cosas que te han hecho sentir bien. Una vez las tengas (puedes hacer una lista), estudia si las puedes hacer durante todo el año, si puedes incluirlas en tu rutina o si hay alguna que pueda ser similar o sustituir a las que has realizado en vacaciones.
  • Date cuenta también de las cosas que “no has hecho” y si puedes “no hacerlas” durante el año.
  • Examina las personas que hay a tu alrededor. ¿Cómo te hacen sentir? ¿Cómo actúan contigo? ¿Cómo te hablan? Si no te gusta lo que ves, respétate lo suficiente para dejarlas ir de tu vida.
  • Medita. Es una de las primeras cosas que recomiendo a las personas que se acercan a mí. Puedes incluir la meditación en ese tiempo que has pensado dedicarte a ti. La meditación puede durar desde un minuto hasta una hora. Puedes visitar mi canal de Youtube y podrás ver cómo hacerlo. También hay meditaciones guiadas.
  • Haz lo que quieres hacer. Si quieres hacer algo y lo postergas, analiza el porqué, deja tus excusas de lado y hazlo. Y si resulta que la frase se convierte en “haz lo que debes hacer”, analiza también porque deberías hacerlo y si es algo positivo para ti, cambia el verbo “tener” por otro como por ejemplo “decidir” que no implica obligación.
  • Quítale importancia a las cosas. Cuanta más importancia le das a algo, más carga emocional tiene.
  • Ríe. Ríe a carcajadas, juega como un niño. Juega con tus amigos, pareja, hijos, compañeros de trabajo, mascotas… La risa es uno de los mejores vehículos para liberar el estrés.

Y si tu estado sigue igual, quizás hay algo más profundo que tratar, pide ayuda para liberar todas esas emociones contenidas. Seguro que te ira muy bien, te lo digo por experiencia.

Si te gustan los monólogos te dejo uno para que empieces a reir un poco y sacarle importancia a las cosas:

 

 

Invictus: soy el amo de mi destino, soy el capitan de mi alma

nelson mandela

Anoche, mientras cenaba, estaba viendo una película basada en la vida de Nelson Mandela, Invictus. No tenía intención de verla entera, estaba muy cansada y era ya muy tarde. Sin embargo uno de los protagonistas va a visitar la cárcel donde Mandela (o Madiba, como algunos lo conocían) pasó veintisiete años de su vida. Allí lee un poema que ayudó a Madiba a superar aquella situación. Sus versos me sobrecogieron y a la vez me dieron fuerzas para continuar mi camino.

También me hizo reflexionar sobre la bondad y la capacidad de perdón de este gran hombre. Poniendo además el “gran” en mayúsculas y negrita. Y por otra parte me hizo preguntarme: ¿verdaderamente mi alma está invicta? Esa pregunta me ha rondado por la cabeza toda la noche, hasta que, hace un rato cuando he decidido escribir este texto, me he dado cuenta de que a pesar de todos los momentos duros que he pasado en mi vida puedo decir que sí, que mi alma está invicta, porque todas y cada una de las veces que he caído, me he levantado, a pesar del miedo paralizante que me ha invadido en muchas ocasiones y que me ha ayudado a avanzar.

El poema se llama Invictus y fue escrito por el poeta inglés William Ernest Henley en 1875. El último verso es el que más me impactó:

“…soy el amo de mi destino,

soy el capitán de mi alma”.

A ti te dejo el poema, seguro que te ayuda sea cual sea el momento que estés viviendo. Puedes ver el fragmento de la película si haces clic aquí. Espero y deseo que te sea útil:

 

Invictus

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.