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Como se expresan las emociones en el cuerpo

¿Has sentido alguna vez como si te dieran un puñetazo en el estómago cuando te dicen algo que te duele? ¿O que te cogen escalofríos cuando te dan una mala noticia?

Nuestro cuerpo se expresa de muchas formas, entre ellas mediante el dolor, nauseas, vértigo, contracturas musculares, alergias, diarreas, ardor de estómago… y tantos otros síntomas En multitud de ocasiones, casi me arriesgaría a decir todas las veces sin embargo de momento lo dejaré solo en “multitud”; estas expresiones del cuerpo son emociones que no atendemos.

Las emociones que no dejamos salir, que no dejamos expresarse correctamente acaban por manifestarse físicamente. Como no dejamos salir en forma de llanto, por ejemplo, el dolor por la muerte de un ser querido, resulta que un tiempo después sin saber porque tenemos dolor en alguna parte del cuerpo, o resulta que de repente sube nuestra presión arterial porque tenemos problemas con un familiar, o nos dan ataques de ansiedad o de pánico porque nos despidieron del trabajo hace tiempo y tememos que nos vuelva a pasar.

Si revisamos qué ha pasado en nuestra vida poco antes de que apareciera ese síntoma, resulta que nos damos cuenta de lo que lo ha provocado, y no falla, el cuerpo nunca miente.

De las primeras cosas que pregunto cuando una persona llega a mi consulta es: ¿Qué te duele? ¿Qué enfermedades tienes? Cada una de ellas me habla y es como si me fuese diciendo al oído: abusaron emocionalmente de mí, he tenido mucho estrés en el trabajo, me maltrataron, me han dicho cosas que no me han gustado, me separe, no encuentro mi lugar en mi casa… y a partir de ese punto podemos trabajar.

Sin embargo no era mi intención explicar cómo trabajarlas, hay muchas técnicas, algunas de ellas sencillas de aprender y aplicar como por ejemplo: EFT-Tapping. Si quieres aprenderla puedes consultar los cursos que realizo haciendo clic aquí.

El objetivo de este artículo es enseñarte como el cuerpo varía su actividad o las sensaciones que sentimos, dependiendo de la emoción, mira la fotografía que hay al principio del artículo.

Las emociones son ajustes que realiza nuestro cuerpo para preservar nuestra seguridad o bien para disfrutar de una experiencia. Si te encuentras en peligro puede que sientas miedo y eso prepare tus músculos y los tense para que puedas huir rápidamente. Si vas a bailar tendrás un estado de ánimo diferente y el cuerpo preparará otro tipo de músculos y de expresiones corporales para que puedas desenvolverte bien en esa danza.

Un equipo de científicos de la Universidad de Aalto (Finlandia) realizaron cinco experimentos con 701 personas; estas localizaron el lugar del cuerpo donde notaban tanto emociones básicas: miedo, amor, felicidad, tristeza…; como complejas: depresión, desprecio, envidia, orgullo…

En estos estudios, los participantes escuchaban las palabras que definen cada emoción y debían pintar donde la sentían en una silueta humana, utilizando los colores que les habían indicado para las zonas más o menos intensas.

El resultado fue una coincidencia de más de un 70% en las zonas que habían coloreado, que es el que puedes ver en la imagen.

Con estas sensaciones trabajo cada día con las personas que atiendo, y se quedan verdaderamente sorprendidas cuando, utilizando técnicas de Programación Neurolingüística (PNL), por ejemplo, en cinco minutos dejan de tener dolor de cabeza o les baja muchísimo. O en pocas sesiones dejan de fumar, cuando fumaban dos cajetillas diarias.

Aquí te lo dejo, solo tienes que hacerlo consciente, y ya verás…

 

 

El balde chino

Quizás en algunas ocasiones en tu vida hayas sentido frustración porque las cosas no te salían como tú querías. Incluso puede que estés justo en ese momento…

Es posible que quieras compararte con personas de tu entorno, sin embargo no es una buena práctica, ya que cada uno de nosotros posee habilidades y recursos muy diferentes. Lo que en una profesión puede ser nefasto, en otra puede que sea una virtud.

La comparación con otras personas suele ser una práctica muy habitual, y solo genera malestar, frustración, tristeza y desconfianza en nuestras propias capacidades. Te dejo esta fábula que ilustra lo que quiero transmitirte:

Erase una vez, una anciana china que tenía dos grandes baldes para acarrear a casa el agua de un cercano arroyo. Transportaba los baldes colgados cada uno en una extremidad de una gruesa vara que cargaba sobre sus hombros.

Uno de los baldes estaba rajado y, cuando la anciana llegaba a casa, iba medio vacío, en cambio el otro, que era perfecto, llegaba siempre lleno.

Un día tras otro, la anciana llevaba a casa balde y medio de agua.

El balde perfecto estaba muy orgulloso de la realización de su cometido, mientras el pobre balde roto se sentía avergonzado por su defecto y por conseguir hacer tan sólo la mitad de su trabajo.

Tras dos años de sentirse humillado y derrotado por su defecto, un día, cuando la anciana descansaba sobre una roca que había en la orilla del camino, a mitad de su trayecto, el balde se atrevió a hablar con la anciana:

– Estoy avergonzado, por no cumplir con mi trabajo de llegar lleno de agua hasta tu casa, como hace mi compañero. La rotura que padezco no me lo permite. Te pido perdón, honorable señora.

La anciana sonrió, y llena de compasión y dulzura respondió:

– ¿Has observado que bonitas flores hay en tu lado del camino? –dijo- Yo siempre supe de tu defecto, desde que te compré, en aquella tienda de objetos usados. Por eso planté semillas de flores, a lo largo del camino por donde tú tenías que pasar. Y, todos los días, cuando regresábamos, tú las ibas regando con el agua que se derramaba. He recogido, durante dos años, flores de todos los colores y perfumes, con las que he adornado mi casa. Si tú no fueras como eres, yo no habría gozado de esas maravillas.

Cada uno de nosotros tenemos un defecto. Pero ese “defecto” es lo que nos hace especiales.

Acepta a cada persona como es y por lo que es. Descubre lo que hay de bueno en cada una.

Acéptate como eres…. Y recuerda regar las flores de tu lado del camino.

 

Diez consejos del Dalai Lama para conservar tu Energía

Para realizar todos nuestros procesos fisiológicos necesitamos energía, y también para trabajar, conducir, hacer la compra, ir al cine… y un sinfín de tareas que realizamos en nuestro ajetreado día a día. La energía de la que disponemos para todo esto es finita. Llega un momento que nos dejamos caer en el sofá porque ya no podemos más, necesitamos recargarnos. ¿Cómo lo hacemos? Pues comiendo, durmiendo, paseando por el campo, hablando con los amigos, haciendo meditación, Reiki. Hay muchas posibilidades para realizar esa recarga.

Es necesario que aprendamos a utilizar la energía justa que necesitamos para enfrentar cada tarea, acción y situación de nuestra vida. De no hacerlo iremos siempre arrastrando los pies, estaremos tristes, nos dejaremos llevar por las emociones negativas o simplemente enfermaremos.

Aquí te dejo los “diez ladrones de energía”, son consejos del Dalai Lama para conservar tu energía y poderla emplear en lo que tú desees:

1.- Aléjate de las personas tóxicas. Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.

Fíjate en las personas que te rodean ¿de qué habláis? ¿Acabas triste o sin fuerzas después de estar con ellas? Si es así evítalas en lo posible, y cuando te hayas despedido libera tu mente. Hay una frase que me dijo una vez un amigo y que utilizo mucho para descargar mi mente y mis emociones de aquello que me acaban de explicar, para no identificarme y que no consuma mi energía: “Esa es tu historia. Y lo la dejó ahí”.

2.- Paga a tiempo tus cuentas. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.

Ya sé que en estos momentos quizás te resulte difícil. Pero procura descargarte de todo lo que puedas. Paga al momento lo que compres. Y cada vez que vayas a adquirir algo pregúntate si es verdaderamente necesario tener eso.

3.- Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.

Antes de comprometerte a hacer algo piénsalo bien, ya que luego el no hacerlo, por la circunstancia que sea, puede resultar una carga importante que puedes evitar. Aprende a decir NO. Si ya te has comprometido, sopesa lo que te está comportando mantener esa promesa. Si el coste es demasiado alto, date permiso para liberarte de ella.

4.- Elimina y delega tareas. Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que prefieres no hacer y dedica tu tiempo a hacer aquellas con las que sí disfrutas.

Si hay alguna tarea que no te gusta o qué prefieres no hacer, simplemente evítala. También tienes la posibilidad de hacer un trueque con quien si quiere hacerla.

5.- Descansa y actúa. Date permiso para descansar si estás en un momento en que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.

Es importante reconocer las necesidades que tienes en cada momento de tu vida. Darte permiso es respetarte. Si no tienes fuerzas, simplemente descansa, duerme y recupérate para poder abordar más tarde todo aquello que requiere tu energía. Y si ves que el tren está en tu vía, cógelo sin dudar, aprovecha la oportunidad.

6.- Tira, recoge y organiza, nada te consume más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.

Parece mentira pero tener la vivienda llena de cosas ocupa lugar en tu mente y en tu vida. ¿Te ha pasado alguna vez que quieres tirar algo y te cuesta muchísimo, pero luego cuando lo acabas tirando sientes que te has quitado un peso de encima? Pues eso pasa con libros, ropa, apuntes, fotografías… Todo ocupa un lugar. Si el espacio que tienes en tu vida (casa, despacho…) está lleno, tienes que cargar con ello, como si fuera una mochila. Y no pueden entrar cosas nuevas (vivencias, personas, ropa, trabajo…)

7.- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.

Al fin y al cabo lo único que tenemos es nuestro cuerpo. Con salud puedes disfrutar de todas las cosas que hay en esta vida: personas, experiencias, animales, paisajes, olores, sensaciones…

8.- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.

El sostener situaciones o personas consume mucha energía. Puede que un día te des cuenta que no tienes tiempo ni fuerzas para salir adelante. Antes de que llegue ese momento párate a pensar y sentir que es lo que conlleva cada situación y cada persona en tu vida. Puede que esa persona no te esté aportando nada y que estés con ella a causa de un sentimiento de culpa que generó alguna situación en tu vida. O que soportes una situación por miedo a decir “¡ya basta! Sal de ahí, el enfrentar una situación es solo ponerse “enfrente” y decidir.

9.- Acepta. Aceptar no es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.

Es como si estuvieses todo el tiempo chocando contra una pared que no puedes derribar… Puedes decir: “está bien, esto es así, yo no puedo cambiarlo ¿qué es lo que SI puedo hacer?” Quizás al hacerte esa pregunta puedas tomar distancia en lugar de luchar. Es posible que al alejarte, distingas la puerta que hay un poco más allá, en la misma pared contra la que chocabas y que te permitirá evitar o cambiar respecto a esa situación.

10.- Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

Perdonar no significa que la situación deje de existir, o que aquella vivencia desaparezca de tu pasado. Tampoco significa quitar la responsabilidad a quien la provocó o quien formó parte de ella. Solo significa liberarte del sufrimiento que te está provocando. Es como si abrieses tus manos y la liberases. ¡Verás que bien te sientes luego!

Si sigues estos consejos verás que vas recuperando tu energía, tu tranquilidad. Ya sabemos que Roma no se hizo en un día. Pero puedes empezar por pequeñas cosas, para ir atreviéndote, cada vez más, con las más grandes.

 

 

 

El niño interior

El niño interior es en Ho’oponopono la parte más importante de nuestro ser, la relación más importante que existe en nuestra vida. El niño interior es donde están guardadas todas las emociones, sentimientos, recuerdos, olores, imágenes, sonidos, sensaciones y vivencias. En fin, todas las memorias, tanto nuestras como de nuestros antepasados.

Según Ho’oponopono nuestro ser está formado por tres partes:

  • Superconsciente, la parte espiritual
  • Consciente, la parte que toma las decisiones, donde reside el libre albedrio
  • Subconsciente, la parte emocional, nuestro Niño Interior (Unihipili en Hawaiano)

En nuestro niño interior es donde se han guardado todas las experiencias dolorosas que hemos vivido. Él percibe el mundo, nuestras relaciones y las personas de una determinada forma, según las vivencias que ha tenido. Por eso el reacciona ante determinados estímulos para asegurar nuestra supervivencia o para evitar que alguien nos haga daño. De ahí que nuestro niño interior esté siempre asustado y en situación de alerta.

Imagínate un niño de 4 ó 5 años teniendo que vivir y sobrevivir en una vida de adulto. ¿Qué pasaría si eso fuese verdad? Te puedes llegar a imaginar un niñito de 5 años camino del trabajo, que lo ha dejado su pareja o que vive una situación de peligro, por ejemplo un accidente de tráfico. ¿Cómo te imaginas que reaccionaría? Quizás abriría mucho los ojos, enmudecería y se escondería en un rincón.

Nuestro Niño es esa parte nuestra que ha estado escondida y abandonada durante mucho tiempo. Por eso hay que tratarlo con mucho amor y comprensión. Es donde limpiaremos todas las memorias que hay guardadas en nosotros y donde sanaremos. Si el niño colabora, la limpieza se hará muy rápido, para eso tenemos que ganarnos su confianza, convencerlo con amor y paciencia de que está a salvo, de que cuidaremos de él, como adultos, pase lo que pase. Y también de que jugaremos y reiremos con él, como se hace con los niños.

El origen de las enfermedades físicas o los trastornos emocionales está en nuestro niño interior, esos síntomas nos alertan de que algo no está bien. Y es allí, en el mismo nivel en que se crearon, donde deben sanar.

Te ofrezco una meditación que he creado para ti. Puede servirte de guía para volver a contactar con ese niño, para tratarlo con amor, respeto, comprensión. Para ir liberando esas memorias almacenadas en su interior y recobrar el equilibrio y la paz en tu vida.

Te deseo la Paz más allá de todo entendimiento.

 

Síndrome Postvacacional: qué es y cómo superarlo

Atrás han quedado los días de levantarte a la hora que te daba la gana, sin despertador, acostarte de madrugada, salir con los amigos, tumbarte al sol sin más preocupación que la de ponerte el bronceador o estar todo el día en plena montaña, rodeado solo del verde de la vegetación y el azul del cielo.

Quizás se acabo el plazo que te diste para afrontar aquellas tareas o situaciones difíciles en tu vida, como si dijeses: ya lo pensaré después de las vacaciones, ¡ahora disfruta!

Y al acabar ese período, ahora que ya estamos en septiembre, hay que volver a la rutina, a poner el despertador, a las interminables reuniones, al montón de papeles que te esperan encima de la mesa, en fin, al trabajo, ¡durante todo un año!.

Sientes cansancio, mal humor, no tienes ganas de hacer nada, puede que estés irritable, quizás te cuesta dormir, no te concentras, tal vez sientas ansiedad, tu optimismo se ha ido a algún lugar del que parece no querer regresar…

Si es tu caso tengo para ti dos noticias, una mala y una buena:

La mala noticia es que padeces lo que se denomina “Síndrome Postvacacional”. Pero tranquilízate, no eres la única persona que lo sufre, es un estado de ánimo muy frecuente al acabar una etapa de nuestra vida en la que hemos disfrutado, y pasar a otra con la expectativa de pasarlo mal.

La buena noticia es que es un estado emocional transitorio, que remite tras un periodo de adaptación a las nuevas rutinas, y eso suele pasar en unos quince días.

¿Porqué pasa esto?

El verano es una estación del año que invita a hacer aquello que nos gusta, a disfrutar. Sobre todo en vacaciones. Quizás debido a las creencias y patrones de conducta que seguimos en Occidente y que aprendimos desde niños. En cambio el invierno más bien invita al recogimiento.

En época de vacaciones decimos que “desconectamos”, y es cierto, desconectamos de la tecnología, del teléfono, del trabajo, de las obligaciones, de la rutina, de las personas que nos desagradan.

¿Y qué pasa cuando desconectamos de todo eso? Pues que conectamos con nosotros mismos, con nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestra forma de disfrutar del tiempo libre, de las personas que amamos. En resumen que nos permitimos a nosotros mismos hacer lo que verdaderamente queremos. Como resultado también sonreímos más. Yo diría que más que una conexión es una reconexión.

Y un buen día cuando ya estamos adaptados a esta reconexión, cuando ya nos sentimos otra vez a nosotros mismos, se acaban las vacaciones ¡y otra vez a la rutina anual!

Es como si gritásemos desesperadamente ¡No quiero! como cuando éramos niños y llorábamos porque teníamos que volver al colegio. Pero de adultos ya no podemos llorar.

¿Y cómo puedes superarlo?

Te voy a dejar algunos consejos para poder superar este altibajo:

  • Vuelve de las vacaciones con suficiente tiempo para deshacer las maletas, ir a comprar, planchar la ropa, si lo necesitas, y realizar aquellas tareas que precises para volver al trabajo con tranquilidad y con todo en orden. Si, ya sé que quieres aprovechar hasta el último minuto, sin embargo eso puede generarte estrés, ya que no tendrás tiempo para organizarte.
  • Respeta las horas de descanso. Cuando estamos de vacaciones, al no tener horarios, nos vamos a dormir a la hora que nos apetece. Sin embargo de vuelta a la rutina el despertador sonará y no tendrás otro remedio que levantarte. Lo ideal es descansar siete u ocho horas diarias, estaría bien que respetases esas horas.
  • Prioriza. Probablemente te encontraras un montón de tareas por realizar. Analízalas y prioriza, eso te ayudará a organizarte.
  • Fíjate en lo positivo. Durante el día nos pasan muchas cosas buenas, fíjate en ellas y si quieres puedes hacer una lista.
  • Disminuye el consumo de cafeína y alcohol. La cafeína es excitante y agrava el estrés. Y el alcohol es un depresor del sistema nervioso, por lo que puede agudizar la tristeza, la depresión y la apatía. Te aconsejo que disminuyas o evites en lo posible el consumo, al menos durante los primeros días.
  • Dedícate tiempo a ti. Organiza tu agenda de forma que puedas realizar actividades que te gusten, quedar con amigos, hacer deporte…

También te dejo algunos consejos que van un poco más allá. Este estado emocional quizás está intentando avisarte de algunos cambios más profundos que debes realizar en tu vida:

  • Para los pensamientos recurrentes. Esos pensamientos casi siempre suelen ser negativos y provocan aparezca o se incremente la ansiedad. Fíjate en el momento que aparecen y distrae tu mente repitiendo una frase que te guste y te fortalezca, por ejemplo: Cada día estoy mejor, o bien: realizo mi trabajo con seguridad y rapidez.
  • Aprende a decir “NO” y a poner límites. Muchas veces hacemos cosas que no queremos hacer, o nos cargamos con responsabilidades que no son nuestras, por miedo a que si decimos NO, se enfaden con nosotros o que no nos quieran, o que….. Sin embargo cada día que pasa nos sentimos más incómodos, como si llevásemos un peso sobre nuestros hombros. Así que puedes empezar a decir NO con pequeñas cosas, verás cómo reaccionan los demás ante esa negación. Y poco a poco te irás atreviendo más, ya verás lo bien que sienta.
  • Piensa en lo que has hecho en vacaciones. Piensa en aquellas cosas que te han hecho sentir bien. Una vez las tengas (puedes hacer una lista), estudia si las puedes hacer durante todo el año, si puedes incluirlas en tu rutina o si hay alguna que pueda ser similar o sustituir a las que has realizado en vacaciones.
  • Date cuenta también de las cosas que “no has hecho” y si puedes “no hacerlas” durante el año.
  • Examina las personas que hay a tu alrededor. ¿Cómo te hacen sentir? ¿Cómo actúan contigo? ¿Cómo te hablan? Si no te gusta lo que ves, respétate lo suficiente para dejarlas ir de tu vida.
  • Medita. Es una de las primeras cosas que recomiendo a las personas que se acercan a mí. Puedes incluir la meditación en ese tiempo que has pensado dedicarte a ti. La meditación puede durar desde un minuto hasta una hora. Puedes visitar mi canal de Youtube y podrás ver cómo hacerlo. También hay meditaciones guiadas.
  • Haz lo que quieres hacer. Si quieres hacer algo y lo postergas, analiza el porqué, deja tus excusas de lado y hazlo. Y si resulta que la frase se convierte en “haz lo que debes hacer”, analiza también porque deberías hacerlo y si es algo positivo para ti, cambia el verbo “tener” por otro como por ejemplo “decidir” que no implica obligación.
  • Quítale importancia a las cosas. Cuanta más importancia le das a algo, más carga emocional tiene.
  • Ríe. Ríe a carcajadas, juega como un niño. Juega con tus amigos, pareja, hijos, compañeros de trabajo, mascotas… La risa es uno de los mejores vehículos para liberar el estrés.

Y si tu estado sigue igual, quizás hay algo más profundo que tratar, pide ayuda para liberar todas esas emociones contenidas. Seguro que te ira muy bien, te lo digo por experiencia.

Si te gustan los monólogos te dejo uno para que empieces a reir un poco y sacarle importancia a las cosas:

 

 

Invictus: soy el amo de mi destino, soy el capitan de mi alma

Anoche, mientras cenaba, estaba viendo una película basada en la vida de Nelson Mandela, Invictus. No tenía intención de verla entera, estaba muy cansada y era ya muy tarde. Sin embargo uno de los protagonistas va a visitar la cárcel donde Mandela (o Madiba, como algunos lo conocían) pasó veintisiete años de su vida. Allí lee un poema que ayudó a Madiba a superar aquella situación. Sus versos me sobrecogieron y a la vez me dieron fuerzas para continuar mi camino.

También me hizo reflexionar sobre la bondad y la capacidad de perdón de este gran hombre. Poniendo además el “gran” en mayúsculas y negrita. Y por otra parte me hizo preguntarme: ¿verdaderamente mi alma está invicta? Esa pregunta me ha rondado por la cabeza toda la noche, hasta que, hace un rato cuando he decidido escribir este texto, me he dado cuenta de que a pesar de todos los momentos duros que he pasado en mi vida puedo decir que sí, que mi alma está invicta, porque todas y cada una de las veces que he caído, me he levantado, a pesar del miedo paralizante que me ha invadido en muchas ocasiones y que me ha ayudado a avanzar.

El poema se llama Invictus y fue escrito por el poeta inglés William Ernest Henley en 1875. El último verso es el que más me impactó:

“…soy el amo de mi destino,

soy el capitán de mi alma”.

A ti te dejo el poema, seguro que te ayuda sea cual sea el momento que estés viviendo. Puedes ver el fragmento de la película si haces clic aquí. Espero y deseo que te sea útil:

 

Invictus

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

 

 

¿Porqué juzgamos a los demás?

Creemos que tenemos derecho a juzgar y a opinar sobre como las demás personas deberían llevar su vida, deberían vestir, actuar, sentir, pensar…

Y como consecuencia, también creemos que los demás tienen ese derecho sobre nosotros. Lo permitimos hasta tal punto que la mayoría de las veces cambiamos ciertos gustos y actitudes para agradar a las otras personas; sobre todo si esas personas pertenecen a nuestro círculo más cercano. Cuanto más cercano es ese círculo, mayor poder les otorgamos.

Generalmente los otros nos juzgan con igual dureza que se juzgan a sí mismos. En muchas ocasiones despiadadamente Son tan inflexibles con nosotros como lo son con ellos mismos. Sin darse cuenta de que somos el espejo donde se miran, y viceversa. Vemos actitudes, formas de proceder y pensar que no nos gustan en los demás. Simplemente todas esas características son las que nosotros tenemos en nuestro interior y que no nos atrevemos a ver ni a reconocer. Esas otras personas son el reflejo de nuestro propio interior. Lo que llamamos sombra.

Si te sorprendes criticando o juzgando a los demás, párate a pensar un momento. Analiza qué es aquello que tanto te molesta. Luego puedes mirar en tu interior a ver si hay algo de eso dentro de ti. Si la respuesta es SI, no te de vergüenza, acéptalo, no pasa nada. Y si no te gusta, ¡cámbialo! En ti esta el poder hacerlo. Este pequeño ejercicio te hará “darte cuenta”. Será el primer paso a tu auto-conocimiento y también te hará ser más flexible contigo mismo y con los demás. De paso dejarás de gastar toda esa energía que utilizas en criticar y juzgar a los demás y la invertirás en tu propio crecimiento interior.

Una técnica que puede irte muy bien es el Ho’Oponopono. Es sencillo de practicar, y con el podrás aceptar y cambiar todo lo que te ha llevado a esas actitudes.

Siempre me han gustado las fábulas, para mí son metáforas que llevan un aprendizaje incluido. Explico la que te dejo a continuación en muchas ocasiones como ilustración de esta reflexión:

Fábula del padre, el hijo y el burro

Hace muchos años, un padre y su hijo iban al pueblo vecino para comprar en el mercado. Para cargar los productos que comprarían llevaban su burro.

Padre e hijo iban caminando y charlando animadamente, mientras el burro les seguía.

Mientras caminaban se cruzaron con unos campesinos, y al pasar escucharon el siguiente comentario:

  • Fíjate que tontos, van caminando cuando podían ir en el burro que va detrás sin carga alguna.

Al escuchar el comentario, decidieron que el padre subiría en el burro. Fue dicho y hecho. Y mientras seguían caminando se cruzaron con otros campesinos, y al pasar oyeron como murmuraban entre sí:

  • Mira este hombre, ¡Que poca vergüenza! Va sobre el burro y su pobre hijo caminando.

Escuchando ese comentario el padre decidió bajar del burro y subió el hijo. Al poco rato se cruzaron con un grupo de hombres. Estos comentaron entre sí:

  • ¡Qué falta de respeto! Mira ese niño que va sobre el burro y su anciano padre caminando.

El padre, al oír el comentario pensó que lo mejor sería que se montaran los dos en el burro. Convencido de que así se acabarían los comentarios. Pero poco rato después se encontraron con unas mujeres. Que susurraron a su paso:

  • Pobre animal. Fíjate que tiene que ir cargando con padre e hijo, cuando uno de los dos podría ir caminando.

 

Tu decisión más importante

“La decisión más importante que deberás tomar en tu vida es decidir si vives en un universo que te sustenta, te apoya y te quiere o en un universo que no te sostiene, que te ignora y que te es hostil.”

Albert Einstein

 

En todos los momentos de tú vida tienes el poder de decidir ¡utilízalo!

 

Cuida tus pensamientos, serán tu vida

Cuida tus pensamientos, porque se volverán palabras.

Cuida tus palabras, porque se transformarán en actos.

Cuida tus actos, porque se harán costumbre.

Cuida tus costumbres, porque forjarán tu carácter.

Cuida tu carácter, porque formará tu destino.

Y tu destino, será tu vida.

Mahatma Gandhi

 

Buscando inspiración para escribir esta entrada encontré esta cita de Gandhi y eso me hizo pensar en la forma que tenemos de pensar, valga la redundancia, y que al final condiciona nuestra vida, no es cuestión de creencias, es una realidad.

Fíjate cuando piensas en como lo haces, utilizas palabras, el lenguaje. Combinando esas palabras se forman pensamientos y así puedes comunicarte contigo mismo o con los demás. Podemos clasificar esos pensamientos que se van formando en nuestra mente, por ejemplo, en positivos y negativos, empoderadores o debilitadores… hay casi tantas clasificaciones como personas. Hablaré aquí de los pensamientos positivos y negativos.

En general llamamos a los pensamientos positivos porque nos hacen sentir bien; y negativos porque nos hacen sentir mal. ¿Cuáles son preferibles? Pues depende únicamente de ti ¿Cómo quieres sentirte bien o mal?

Si habitualmente tus pensamientos son positivos, tus palabras también lo serán, así como tus actitudes hacia los demás. Pensarás bien de las personas que te rodean, que te percibirán como una persona positiva, no te pararás a juzgar ni a criticar, y como consecuencia tu compañía será agradable. Te dirigirás a los demás con consideración y amabilidad, y eso será lo que recibas también de los demás.

Si tus pensamientos positivos perduran en el tiempo, tus actitudes también lo harán, tus actos serán de carácter positivo, atraerás a tu lado a personas positivas, tu salud será buena, serás una persona de buen carácter, con poder, dispuesta a compartir, a reir, a ayudar. Tu carácter poco a poco será amable, afable, serás una persona de trato agradable. De tu lado marcharán las personas tristes y negativas, déjalas ir, estuvieron en tu camino pero ya no las necesitas.

Imagínate por un momento qué pasará cuando entres a comprar algo. Pues que siempre te tratarán de maravilla, si hay algo que puedan hacer por ti lo harán: un descuento, unos gramos más cuando compres fruta, los portes de un mueble, o simplemente una sonrisa… Como tratas bien a los demás, así te tratarán a ti en todas partes, tu mundo será “bonito”.

¿Qué pasará si buscas trabajo? Que serás el primero por tu forma de tratar a la persona que te entrevista, tu sonrisa, tu porte, tu energía, tu postura dirán de ti que eres de confianza…

¿Y si buscas al amor de tu vida? También atraerás a personas positivas, a las que tú verdaderamente quieras, verás como las otras ni se acercan.

Y con esos pensamientos, esos actos, ese carácter, tu destino, tu futuro, sin lugar a dudas será Feliz, Equilibrado, estarás en Paz… Mejor dicho, ni pensarás en el futuro, simplemente vivirás el presente.

¿No te lo crees?

Bueno, pongamos el caso contrario. Por un momento imagínate una persona con pensamientos negativos, que piensa siempre lo que “debería” hacer y nunca hace. Que siempre está diciendo no puedo, siempre criticando, juzgando, envidiando. Siempre seria, triste o enfadada, con cara larga, quejándose por todo…

¿Qué harías si te encontrases una persona así? Seguro que conoces a alguien… ¿Te gustaría estar con esa persona? ¿Tomarías un café con ella? ¿Le harías un favor?

Tienen pensamientos negativos cada segundo del día, viven en el victimismo y la queja, siempre de mal humor, siempre están enfadadas con todo, y así tratan a los demás, y al final acaban rehuyéndolas. Son personas sin energía, su porte es triste o colérico, no inspiran confianza. Esas personas al notar que no las tratan bien, cada vez tratan peor a los demás, van a peor. Piensan que el mundo está en su contra, se quedan sin amigos, sin pareja, posiblemente sin trabajo o les cuesta encontrar uno…

Viven una vida triste, vacía, desequilibrada, solo fijadas en lo que NO tienen y que quieren conseguir a toda costa.

Puedo decirte que verdaderamente confirmo, desde mi experiencia, la cita de Gandhi. Al final tus pensamientos serán tu vida, y es así, inevitablemente.

Así que ¡CUIDA TUS PENSAMIENTOS! Serán tu vida.

Cuida tus pensamientos Mahatma Gandhi

Gratitud. Una potente herramienta para sentirte Feliz

Recuerdo que mi madre siempre decía: “es de bien nacido el ser agradecido”, crecí y pasé mi adolescencia oyéndolo, pero no entendía su verdadero significado. Pensaba, en mi ignorancia, que se refería solo a un protocolo social, a dar las gracias cuando te abrían la puerta, te hacían un favor, o recibías un regalo. Esa es, en general, la percepción que tenemos de la gratitud.

Un buen día, hace ya años, inmersa en una profunda depresión, empecé a buscar formas para salir de ella. Conocí por casualidad en un encuentro de empresarios una persona que me habló de la gratitud. Sinceramente, en aquel momento no la entendí, pero algo quedo dando vueltas por mi cabeza, y busqué….

De esa búsqueda resultó mi Diario de Gratitud, que todavía conservo. Lo he hojeado mientras escribía este post. El primer día no llené ni una hoja. Conforme pasaban los días parece que me animaba y ya fui llenando una hoja por las dos caras, y así fue aumentando. Hoy en día no necesito escribir por lo que estoy agradecida, simplemente doy las gracias por la mañana cuando me despierto, antes de levantarme.

Hasta el momento, mi diálogo interno (esa vocecita que siempre está hablando en nuestro interior) se enfocaba siempre en las cosas que no tenía, que no había tenido nunca, que había perdido o que no había conseguido. Pero en cuanto empecé mi Diario de Gratitud, mi visión de la vida cambió; empecé a fijarme en todas las cosas que SI tenía, y no hablo solo de cosas materiales, sino de la salud, de la comida diaria, del amor, de la amistad, todas esas cosas que damos por hechas y a las que no damos ninguna importancia.

La Gratitud es un estado, y ese estado es de plenitud, así como la depresión es un estado de carencia. En el estado de vibración de la Gratitud, tomamos conciencia de lo que somos y donde estamos en el momento presente, nos hace cambiar de estado de ánimo y reconocer todo lo bueno que tenemos en este mismo momento. Fijándonos solo en lo bueno que tenemos en nuestra vida es imposible estar triste.

En el estado de Gratitud recibes un regalo y lo agradeces de corazón, y si más tarde correspondes a quien te lo dió, lo harás desde el corazón, con amor. No desde el protocolo social como un simple intercambio.

¿Y cómo se hace?

  1. Escribe un Diario de Gratitud, es un buen método para empezar, en él puedes escribir regularmente todo aquello bueno que hay en tu vida y por lo que estás agradecido. Escribe todas y cada una de las cosas buenas que hay en tu vida, no te dejes ninguna.
  2. Dale las gracias a las personas a las que les estés agradecida por algo. Una llamada, un correo, una visita… diles porqué les estás agradecido.
  3. Tómate un momento cada día para pensar aquello por lo que estás agradecido, y da las gracias por ello.
  4. Puedes empezar a utilizar Ho’oponopono, que explico en otro de mis artículos, y que te ayudará a expresar esa gratitud.

Verás cómo cada vez te sientes mejor, no solo emocionalmente, sino también físicamente. Reducirás tu estrés, tendrás más ganas de hacer cosas, más energía, tu sistema inmunológico se fortalecerá, verás reforzada tu autoestima, todo será diferente.

Así que doy las gracias por poder llegar hasta ti y te doy las gracias por leerme.

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¡Gracias!